Un buen modo de acercarse al noble oficio de la carpintería es conocer bien la materia prima, es decir, la madera. Los tipos y subproductos madereros que existen en el mercado son muchísimos, tantos como aplicaciones tiene este material en el mundo de la construcción y la decoración. No obstante, saber cuáles son las variedades más utilizadas y sus características nos ayudará a decantarnos por unas u otras, dependiendo de las necesidades que tengamos en cada momento.
La primera clasificación que se establece en carpintería distingue entre madera maciza y aglomerados. En el primer caso, las piezas proceden directamente de madera natural de troncos de árbol. En el caso de las tablas o tableros de aglomerado o contrachapados, la madera tiene que pasar previamente por un proceso industrial, ya que se elaboran con serrines, colas y celulosa.
Madera maciza
Cuando hablamos de materiales macizos, nos referimos a aquellas maderas que proceden directamente del tronco. Son piezas íntegras, que están compuestas sola y exclusivamente de madera. Al ser totalmente naturales, la calidad y el precio son más elevados.
El proceso de secado es lo que diferencia a la madera que se puede trabajar de un pedazo de tronco de un árbol; para ello, es necesario reducir la humedad del árbol hasta aproximadamente una quinta parte del estado original para que sea maleable. De material macizo es posible adquirir tablas, tableros o listones. Dependiendo del tipo de árbol del que proceda la pieza, tendremos diferentes grados de calidad y resistencia.
Tipos de madera según su uso
Maderas blandas: las más ligeras, baratas y las más habituales en la mayoría de muebles y estructuras. Los árboles de crecimiento rápido, perennes y coníferas suelen componer el grueso de las variedades blandas: pino, ciprés, abeto, cedro... La referencia blanda no equivale siempre a madera menos resistente; algunas pueden serlo y otras no tanto. En realidad, nos referimos a que se trabajan mejor, son más dúctiles y, por eso, pueden ser más fáciles de usar según qué casos.
Maderas duras: son más caras y generalmente más resistentes (son muy frecuentes para revestir suelos). Trabajarlas en bricolaje es más complicado porque son menos lisas y tienen más irregularidades, sin embargo, darles forma con máquina suele ser más sencillo. La madera dura produce como resultado muebles de gran calidad y de excelentes acabados.
Tipos de madera según su origen
Maderas europeas: con esta denominación se hace referencia a las procedentes del hemisferio norte o de zonas templadas, generalmente del continente europeo. El hecho de que sean más comunes en determinadas latitudes no significa que sean más económicas. En esta división, encontramos otras dos clasificaciones dependiendo del árbol del que se origina la madera:
Maderas frondosas: son las más habituales para la fabricación de muebles, ebanistería y revestimientos de madera. El roble es una de las más nobles del grupo, aunque en esta tipología también encontramos maderas como haya, fresno, nogal, olmo, cerezo o encina.
Maderas resinosas: son de las más utilizadas, sobre todo en construcción y carpintería. La mayoría pertenecen a la subdivisión de maderas blandas. El pino, el abeto o el cedro son algunos representantes de las resinosas. El pino es, por ejemplo, una variedad fundamental para la industria maderera.
Maderas tropicales: son las maderas exóticas, todas de procedencia muy diversa. Su origen lo encontramos en zonas tropicales de América, África y Asia. Cada día están más de moda porque ofrecen colores nuevos y ambientes exóticos a la decoración del hogar. En otros casos, su excepcional resistencia las hace únicas para ciertos usos: es el caso de la teca, frecuente en el mobiliario de jardín. Asimismo, se eligen por el toque cálido y original que ofrecen a los hogares: el wengué o el iroko son ya muy frecuentes en revestimientos y mobiliario. Por su parte, el ébano y la caoba son, por excelencia, las maderas tropicales más conocidas y apreciadas.
lunes, 11 de febrero de 2008
Conocer los tipos de madera
Etiquetas: Bricolaje
Curar las enfermedades de la madera
La madera, al provenir de un ser vivo, los árboles, puede tener señales que delatan la existencia de una o varias enfermedades en ella. A diferencia de lo que a veces pensamos, es muy fácil llegar a una solución para que este material se pueda aprovechar y no se vea afectado por parásitos o podredumbres. El truco está en coger los problemas a tiempo o, simplemente, intentar prevenirlos.
La primera de dichas enfermedades es la pudrición, que aparece a través de la desintegración de los elementos químicos que forman parte de la savia. Los agentes causantes son determinados tipos de hongo. Podemos distinguir entre la pudrición blanca y la azul. La blanca, que es seca, tiene tal denominación debido a que aparece en forma de una masa de color muy claro, casi blanco. Surge, sobre todo, cuando este material ha estado en contacto con humedades.
La azul brota en los árboles que se cortan, pero que no se transforman en madera inmediatamente y se mantienen con la corteza durante mucho tiempo. Se llama así porque en el pino la blancura se azulea intensamente, aunque en otras especies adquiera un color diferente (en la encina toma un color pardo, en el abeto rojo, depende del ejemplar). Cuando la enfermedad no está avanzada es posible darle uso a la madera, con la condición de que se sierre de forma inmediata y se instale en un lugar frío y seco.
Para prevenir la putrefacción conviene darle una capa de barniz con aceite de linaza, pinturas al óleo o alquitrán. Con el fin de conseguir tablas más duras y que adquieran un mayor peso, se puede impregnar con creosata o con sales metálicas como el sulfato de cobre.
El moho de los hongos
Otra de las enfermedades que puede padecer este material es la aparición de moho, debido al ataque que sufre de los hongos. Si se extienden de forma rápida, pueden producir su destrucción total. Los identificamos por la aparición de erupciones de color blanco en la superficie. Se originan, sobre todo, en lugares húmedos.
Si no te ves capaz de reconocerlos con seguridad, lo puedes comprobar dándole unos golpes, ya que cuando es atacado por estos agentes, el sonido de la madera es muy apagado. El modo de prevenir los mohos es situar la madera en un lugar donde los hongos no puedan tener un buen medio de vida. Si ya padece esta enfermedad, una solución puede ser aplicarle un chorro de aire caliente (a más de 60º), quitando después la parte dañada y dándole, por último, una capa de cemento.
Insectos y parásitos de la madera
Cuando hablamos de carcoma no sólo nos referimos a un defecto sino que, además, significa que los insectos ya han depositado sus larvas en el tronco. Forman galerías que muchas veces están construidas sin salida al exterior y, por eso, puede que no los veamos, pero que sí oigamos el ruido que producen al roerla. La forma más habitual de paliarlo es inyectando en las galerías ácidos fuertes que acaben con ellos. Si lo que quieres es prevenir su aparición, puedes hacerlo dándoles una capa de barniz.
Otros agentes destructivos son las termitas. Aunque no son muy comunes en España, sus plagas son muy peligrosas en otros países porque pueden llegar a destruir una casa de madera en muy pocos meses. Suelen actuar en la madera vieja y su objetivo fundamental es alimentarse con sus componentes. Para acabar con ellas, podemos utilizar productos insecticidas específicos.
Por último, no hemos de olvidar que otras pequeñas molestias pueden hacer de la madera un material inservible: es el caso de los escarabajos llamados anobios y de las polillas
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Tableros
Tipos de planchas y tableros
- Tableros contrachapados. Se basan en la superposición de placas o chapas estructurales de madera alternando el sentido de la fibra y pegadas entre sí. Suelen estar constituidos por un mínimo de tres láminas encoladas de modo que sus fibras se dispongan en distinta posición. Esta posición cruzada de las capas tiene como finalidad compensar las tensiones de contracción de la madera.
- Tableros de carpintería. Su núcleo está formado por listones de mayor o menor anchura, y sus capas exteriores van encoladas cruzadas. Se emplean fundamentalmente en la fabricación de muebles y puertas interiores.
- Tableros de fibra. Fabricados a partir de fibras de madera húmedas sometidas a gran presión y elevada temperatura. Para unir las fibras se utilizan resinas naturales contenidas en las mismas. También existen tableros de fibra plastificados cuya cara lisa se han recubierto con melamina de colores lisos o de imitación de maderas.
Qué son
Para contrarrestar las contracciones de la madera y evitar al máximo el desperdicio de material, la industria maderera creó las planchas y los tableros de madera. Estos elementos son la base de la mayoría de los trabajos que realiza el aficionado a la carpintería.
Tableros aglomerados
Formados a partir de finas virutas de madera, prensadas y encoladas a presión. Son más gruesos, pero más ligeros que los constituidos por la madera prensada. Existen principalmente tres tipos de aglomerado: sin cubrir, plastificado y chapado.
- Sin cubrir. Compuestos por 3 capas, tienen el núcleo formado por virutas dispuestas entre dos capas exteriores de partículas muy finas de alta densidad y con alta proporción de resina, lo que da lugar a una superficie muy suave y apta para recibir la mayor parte de los acabados y recubrimientos.
- Plastificado. Es un aglomerado de 3 capas que recibe en sus caras un recubrimiento de melamina que es un tipo de plástico.
- Chapado. También es un tablero de tres capas al que se le pega en sus caras chapa de madera natural.
No debes olvidar que...
- La calidad de un contrachapado viene dada por la calidad de sus chapas y el tipo de adhesivo empleado en su fabricación.
- El tablero de carpintería se puede teñir, barnizar, encerar, pintar y lacar.
- El tablero aglomerado no se puede utilizar en condiciones de humedad (exteriores, cuartos de baño, etc.) pues tiende a hincharse y no se recupera con el secado.
- El tablero de fibra se utiliza principalmente como traseras de muebles y fondos de cajones, y el plastificado puede utilizarse como revestimiento decorativo de paredes y forrado de armarios
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Cómo instalar un altillo móvil
El techo como almacén
Un problema universal de todas las casas es la falta de espacio. Pero si aguzamos el ingenio exprimiremos al máximo cada rincón, encontrando huecos libres donde no se sospechaba.
Una vez colmatadas las paredes, queda un gran sitio vacante: ¡el techo! Donde la altura lo permita podemos colgar una pequeña plataforma para guardar chismes, cajas o maletas.
Y aunque la carga resulte pesada, un juego de poleas hará posible subir y bajar el altillo a mano, sin esfuerzo. El sistema resulta muy práctico para sótanos y garajes.
PASO 1 Vamos a realizar un altillo de sombreros para el taller de una diseñadora. Hemos fabricado un bastidor ligero, dado que los sombreros pesan poco, y le pondremos malla de alambre para que el contenido pueda verse desde abajo
En la ferretería hay malla de varios calibres; escogemos el mayor, dado que es el más barato, y no le colocaremos objetos pequeños. Primero sujetamos la malla al bastidor con las prácticas pinzas, y luego le daremos tensión al clavarla “Cosemos” la malla al bastidor con grapas en forma de U, poniendo debajo otro listón para nivelar con las pinzas. Estas grapas tienden a hundirse más de un lado, debemos clavarlas bien para que no asomen por el flanco del listón. Ya está montada la malla en los cuatro lados del marco. Pero nuestro ligero bastidor todavía no es una estructura fiable. Observemos que la tensión del alambre curva los listones; ello será después beneficioso para reforzarlos Con una adecuada herramienta de corte eliminamos los “flecos” de la malla muy rápidamente. Usar los alicates para esta tarea sería lento y fatigoso. Una vez cortados todos los alambres, la mejor solución para evitar rasguños y enganchones es fijar encima un listón fino. Dado que no habrá pleno contacto entre las superficies, en vez de cola procede usar un adhesivo sellador La pieza decisiva de nuestro montaje. Las cuatro “torrecillas”, añadiendo muy poco peso, refuerzan considerablemente el bastidor, y sujetarán la baranda de cuerda. La curvatura de los listones antes mencionada favorece el encolado Como fijación para la cuerda pondremos unos cáncamos abiertos. Pero resultan de grosor excesivo para nuestras torrecillas y la rosca podría romperlas. ¿Qué hacer? Muy sencillo: en vez de enroscarlas hacemos un taladro… …y sencillamente usamos resina epoxídica para fijar los cáncamos. Es una solución excelente cuando hay riesgo de que una rosca de buen tamaño tronche la madera. Para manejar la resina siempre nos ponemos guantes de vinilo. Dado que la resina es muy viscosa y no gotea como la cola, la introducimos usando el mismo tornillo. No olvidemos poner entonces la abertura del cáncamo hacia fuera, porque será imposible una vez que la resina haya secado. La resina tiene un tiempo de secado bastante largo, necesita varias horas para solidificar. Y llegado ese momento sólo falta poner la baranda de cuerda. Su función es impedir que los sombreros se caigan por los lados, sin dañarlos. Y ya tenemos nuestro altillo de sombreros listo para desarrollar sus funciones. Sólo falta colgarlo del techo mediante un aparejo que nos permita bajarlo y subirlo a mano cómodamente. Eso lo veremos en el próximo reportaje.
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Tensor para encolado
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Los trabajos de encolado requieren cierta presión en las superficies a unir mientras la cola hace efecto, por lo general 24 horas. Esto se consigue fácilmente en la mayoría de los casos con accesorios normales: mordazas, sargentos, pinzas. Sin embargo, hay algunas tareas que se complican por la forma del mueble. Ejemplo típico: las patas de la silla.
Para encolar patas, los restauradores emplean normalmente bandas de transportista. Las hay de muchos tamaños, y aunque no son baratas suponen una inversión necesaria para muchos profesionales. Por el contrario, el aficionado acogerá con disgusto la perspectiva de gastar dinero en un chisme que tal vez sólo necesite una vez al año... Para un bricolega de raza, esto no representa problema alguno. ¡Hagamos un tensor eficaz y barato!
PASO 1 He aquí los materiales que utilizaremos: una goma para equipaje de coche, y una cinta normal de velcro, que se compra por metros.
Coseremos ambos materiales con este hilo, de la clase llamada torzal: su resistencia es muy considerable, como podemos ver. Y podemos confiar en la asombrosa fijeza del velcro en carga rasante: sólo un palmo de unión es suficiente para soportar un extintor de 15 kilos. Despojamos la goma de los ganchos, cortando ambos extremos. El aro de alambre nos será útil al final, para que no se deshilache la funda. Una costura de unos seis centímetros bastará para conseguir suficiente firmeza en la unión de la goma y el velcro. Hacemos puntadas de manera concienzuda, atravesando la goma con la aguja, y tensando el hilo cada vez. Cuando ya tenemos una ligadura fiable, rematamos el extremo con el aro de alambre que habíamos recuperado al cortar la goma. De esa manera las fibras elásticas permanecerán unidas, y la costura no se desgarrará aunque se vea sometida a fuerte tracción. Cosemos la misma unión en la otra punta, y de esa forma tan sencilla obtenemos un tensor para encolar las patas de nuestro sillón, por menos de 2 euros.
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Cómo reforzar un tablero auxiliar
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¿Quién no ha organizado la típica fiesta de Navidad en un local alquilado, y al colocar las botellas, los vasos y el hielo descubre que la mesa, por lo general un achacoso tablero de aglomerado, empieza a combarse peligrosamente? O peor aún, tras emitir avisos desesperados, que desoyen los organizadores enfrascados en su aperreo, la mesa de las bebidas se desploma en mitad de la fiesta con todo su cargamento, causando el trastorno que cabe imaginar. ¡Rezad para que no se rompan todas las botellas de ginebra!
Vamos a explicaros cómo reforzar un tablero de una forma muy sencilla, con dos perfiles metálicos que convertirán el vetusto tablero en una robusta encimera.
PASO 1 Realizaremos nuestro caso práctico con este Belén de albañilería. Nos hemos propasado en el peso, y ahora cuando lo levantemos para trasladarlo a su lugar definitivo, el tablero se curvará, rompiendo la estructura del Belén.
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Cómo subir la altura de una cama
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Los trabajos con muebles metálicos pueden ser tan sencillos y abordables para el aficionado como los de carpintería, sin embargo algunos bricolegas sienten cierta aprensión ante el manejo del hierro. Y llegado el caso optan por reemplazar un mueble entero, con el consiguiente desembolso, en vez de aplicar una reforma barata, sencilla y decorativa.
En este reportaje veremos un ejemplo: la cama de unos vecinos tiene un cabecero Art Déco muy elegante, pero que presenta un relieve cuyo borde inferior queda demasiado alto, y ocasiona frecuentes coscorrones al cambiar de postura. Comprobamos que no podemos bajar el cabecero, de modo que sólo queda una vía: subir la altura de la cama, cambiando las cuatro patas metálicas del somier. Manos a la obra
PASO 1 Aquí tenemos el cabecero. En la cama original, la parte inferior de esos ‘semitroncos’ quedaba tapada por el colchón. Las camas modernas por lo general son más bajas que las antiguas, debido a que los techos de los pisos son más bajos.
Nosotros alzaremos la cama de una forma muy sencilla. Las patas son tubos huecos de 3 x 4 centímetros, llevaremos una desmontada para que en el almacén vean el grosor de la chapa. El almacén de hierros. A simple vista el experto operario reconoce la pieza: “tubo de 30 x 40”. Recordemos que ellos miden en milímetros, igual que en los almacenes de madera. Otra cosa a recordar: llevaremos guantes, los tubos están manchados de grasa. En 5 minutos tenemos nuestras cuatro patas cortadas. Las originales miden 27 cm, así que nosotros las hemos pedido de 42 cm; mejor dicho, de 420 mm. Pensamos que es buena altura sin comprometer la solidez de la fijación. El almacén nos entrega los tubos con el borde sin rematar, una sencilla tarea que haremos nosotros en pocos minutos con la lima para metales. He aquí el pulimentado aspecto que tienen ahora los tubos. Ya podemos manejarlos sin riesgo de arañazos, y sobre todo ponerles debajo la tapa de goma, que sacaremos de las patas antiguas presionando con cualquier varilla o caña. Comenzamos a hacer los taladros para el tornillo pasante que afirmará las “extremidades” al bastidor. Para facilitar el trabajo a nuestra querida herramienta, hacemos primero un agujero pequeño, que luego agrandamos con la broca definitiva. El taladro definitivo con la broca del 8. Hemos puesto un mártir de madera, y debajo un plástico de burbujas para evitar rayaduras en la mesa. Y naturalmente trabajamos con guantes. Montaje de la pata nueva, ya preparada. Hemos apoyado el bastidor en la pared para manejarlo cómodamente. La robusta fijación, como podemos ver, consta de dos piezas. Trabajando con elementos metálicos hay que apretar los tornillos tanto como se pueda. Seguimos con los guantes, para protegernos de cualquier posible golpe por un resbalón de la llave. Y aquí tenemos la nueva cota que hemos conseguido para la cama de esa manera tan fácil. Hemos dejado los tornillos por fuera, tal como estaban originalmente en el somier. Y hemos puesto las tapas de goma para el suelo. El resultado de nuestra labor. Hemos subido la base del colchón, y el borde de las molduras ya no es un problema. ¡Y naturalmente Coco es el primero en dar el visto bueno a la reforma!
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